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ELIGIÓ SU FINAL

Publicada por en Cosas que pasan, Todo | 5 comments

ELIGIÓ SU FINAL

 

A duras penas subsistía desde que dejaron de abonarle el paro. Cuando la empresa en que trabajaba cerró sus puertas él perdió su rutina y cayó en una melancolía insoportable. Ya no salía a la calle. Poco a poco fue perdiendo todo lo que le quedaba en la vida.

Habitaba en un antiguo apartamento que había pertenecido a sus padres y en el que vivió con ellos hasta que murieron. No había convivido con nadie más, sólo su trabajo en la cadena de montaje le

permitía un pequeño solaz diario para echar un tabaco y unas risas entre compañeros.

Ya no podía pagar la antigua hipoteca y la casa se rebelaba, había decidido vengarse. Con los ojos fijos en el techo sentía que estaba cada vez más cerca y que se reducía la capacidad de oxígeno del habitáculo.
Se descuidó y abrió la puerta a un desconocido que le hizo firmar  un documento.
No lo haría más,  querían quitársela pero no lo conseguirían. Cerraría la puerta de tal manera que nadie podría abrirla, y procedió a clavar tablas en toda ella.
Los vecinos, preocupados, lo llamaban para ver si aún vivía y se ofrecían a darle comida, pero se negaba, eso supondría abrirla y no lo permitiría.

Seguían llegando sobres que el cartero metía bajo la puerta con informaciones sobre el corte de luz y teléfono, pero lo peor era la amenaza de quitarle la casa.
Se ahogaba. En el cuarto de baño había desaparecido el espacio de la ducha y sólo se podía mojar con el grifo del lavabo que ya se estaba retorciendo por la presión de la pared.
Rozaba el techo con su cabeza y el terror lo embargaba. Fue en un momento de entrar al comedor por el pequeño hueco cuando oyó unas personas que hablaban en su puerta al mismo tiempo que sonaba el timbre.
Calló.
Los del juzgado habían llamado a los bomberos
Romperían la puerta, decían en el exterior.
Estaba aterrado, la casa lo aprisionaba pero, no obstante, se hizo paso hasta la pequeña ventana que daba a la calle.
Abajo estaban los vehículos de esos seres desalmados que venían a quitarle lo que le quedaba en la vida. Ahora la casa intentaba asfixiarlo, por cobarde.
Veía desde su situación aquél árbol tan querido por su perro y que frecuentaba a diario antes del accidente que acabó con su vida, aquella panadería con toldo de colores que le había dado tantas alegrías cuando visitaba a esa moza rolliza que le gustaba tanto.  Le partió el corazón cuando le declaró su amor y ella le rechazó de plano.
Miraba con placer aquél banco donde le esperaban sus padres ya muy mayores, cuando llegaba a casa del trabajo en los largos días de verano.
No podía respirar,  ya el muro le oprimía el pecho y a duras penas consiguió abrir la ventana.
Se subió al sillón, y ya justo en el momento que lograron abrir la puerta e iban a leerle la sentencia de desahucio, comenzó a volar mientras veía el barrio que le vio nacer y los ojos sorprendidos de los vecinos arremolinados en la puerta.

 

 

    5 Comentarios

  1. Que terrible cuando la vida o la mala suerte te arrebata todo.

  2. Cuando se cierran todas las puertas al menos a veces quedan las ventanas… Me encanta como escribes Gemma.

  3. La vida puede ser dura. Pero siempre nos queda Gemma.

  4. Me ha encantado escuchar tu voz en el vídeo, te ha quedado genial. Estas hecha para las artes, cualquiera de ellas la dominas. Tienes una voz bonita y la has sabido conjugar muy bien con la música de fondo. Estupendo Gemma.

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