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La butaca

Publicada por en Cosas que pasan, Todo | 8 comments

La butaca

Allí estaba ella sentada tras los cristales, inmóvil, mirando sin ver, sin expresión en el rostro. No se movía, se hubiera dicho que no respiraba. Era como un animal herido.
Ella, que adoraba a sus hijos, que los había cuidado con desvelo, ella, la de la bufanda a la salida del cine, la que los consolaba, la que dormía junto a ellos en sus noches de fiebre.Ella, la madre acogedora y amorosa, estaba a punto de enloquecer de dolor. Sí, se lo querían llevar , a su hijo querido, el que más se le parecía a ella.
El mayor era más serio, más responsable y la pequeña ¿Qué se podría decir?. La muñeca, la mimada, la que llegó cuando ya no se la esperaba, la princesita como la llamaba su padre.. Para ella, la más dócil y bonita.
Y ahora venían con que se lo querían llevar, ahora que ya estaba criado, que era un hombre a punto de empezar su carrera. Universitario, un orgullo familiar.
No pudieron hacerlo antes porque ella estaba allí, siempre pendiente. ¿En qué momento se descuidó? ¿porqué al suyo? Y ahora…..
Todo empezó un día en que el chico se quejó de algo, se lo dijo a su padre porque la mamá le daba mucha importancia a las cosas.
El padre, como siempre, lo consultó con ella e, inmediatamente, la esposa lo llevó a un especialista. Ella era así, nada de médicos de los que ven todo al mismo tiempo, ella quería una lupa, algo o alguien entendido que dijera como siempre “no es nada”.
¿Cómo iba ella a sospechar eso? Aquella “cosita” que le molestaba era mala, muy mala. Lo supo desde el momento en que vio la mirada de aquél médico de probada inteligencia.
Fue el mismo día en que le dijeron que se preparara porque “ella” lo quería y había venido a por él.
El padre, un hombre bueno, muy bueno, amoroso y amante de los suyos, se metió en la habitación matrimonial con una excusa y la niña, con su carita en la puerta, lo oyó llorar como nunca lo había hecho.
¿Por qué se lo querrían llevar? Pensaba la niña. Había oído de forma clandestina algo como que se podía ir ¿adonde? Si aquí está bien, si le queremos, si hasta nadie le riñe cuando me da balonazos y a mí me llaman quejica.
La madre estaba allí, pero no estaba. Se sentaba detrás de la ventana y miraba pero no veía. Ideaba cosas disparatadas ¿Cómo, de qué manera podría retenerlo con ella?.
Y la “otra” allí, insistiendo, paciente y segura, esperando asimismo a que salieran unos resultados que, en aquél entonces, eran lentos. Se trataba de esperar días, casi semanas.
La madre hacía la comida, arreglaba la casa, compraba, preguntaba cosas a los hijos, pero no estaba allí y todos lo sabían. Igual hubiera respondido que sí a la propuesta de dejar ratones correr por la casa.
Cuando podía, cuando todos se habían marchado, se sentaba en su butaca junto a la ventana y componía un semblante hermético de ojos sin luz. Luego, cuando pensaba que todos dormían, repetía el ritual y así, delante de aquella ventana notaba que se hacía de día y de noche y de día otra vez y se sentía incomprendida por un mundo que hablaba y reía debajo de aquella ventana sin percatarse de que allí, en su butaca, había alguien a quien le estaba llorando el alma. Los ojos no, los ojos secos y fijos siempre en no se sabía qué y, de vez en cuando se tocaba las mandíbulas, allí se centraba la tensión de la espera.
Llegó el día, se levantó, arregló a su pequeña hija, la cogió de la mano y se la llevó a la iglesia.
La niña la observaba con un nudo angustioso, sabía que ocurría algo muy grave, pero no el qué.
Allí, en silencio, esperaba que todo fuera mentira, que todos se hubieran equivocado, que llegara el fin de la pesadilla y allí, de rodillas, las encontró el padre cuando llegó con la noticia. Ya tenía los resultados, no había duda.
No se dijo nada, no se habló, fue suficiente verle el rostro.
Allí, junto a ellas, se arrodilló y callaron los tres.
Tiempo después comenzaron a respirar. La “otra” se fue, se cansó de esperar el resultado de los tratamientos, el fin de sus estudios, su brillante empleo y su feliz matrimonio.
Pero eso pasó hace muuuchos años y en un lugar lejano.

    8 Comentarios

  1. Que tristeza que las cosas acaben así. Como pasó hace mucho tiempo,alguno casi no lo recordaba ya

  2. Preciosa y triste historia con final feliz.

  3. Tantas angustias que se llevan por dentro. Eres una estupenda narradora Gemma.

  4. Esta historia me estremece, la impotencia de una madre.

  5. Esa situación me recuerda la que viví con mi hijo, por suerte con final feliz

  6. La angustia de ese tipo de esperas es la más terrible que existe en el mundo, pero esta vez la espera arrancó el pesar en esa madre

  7. Que angustia para los padres, y para el hijo… pero gracias a Dios termina bien. No pude retenerme… Probablemente una de tus mejores historias.

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