Relatos e historias. Hombre mujeriego presumido y cincuentón y ligon

TODO UN HOMBRE

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TODO UN HOMBRE

 

Salió de casa hecho un dandy,  como siempre su perfume aromatizaba el ascensor hasta bien entrado el día. Sacaba pecho frente al espejo y la americana abría sus solapas como si a volar se preparara, exhibiendo un hinchado torso de paloma.
Él era un hombre guapo, también atractivo -pensaba-, sentía que la primavera continuaba instalada en su vida y que seguía floreciendo. A los demás se les notaba el paso del tiempo, él era un privilegiado.


Sus amigos pintaban canas y algunos ni eso podían,  él confiaba en su peluquero y ni siquiera le preguntaba cómo se las arreglaba para dejarle un cabello de un color tan natural y atractivo.
Su esposa, algo más joven que él, era una mujer contenta con su vida y tan enamorada y orgullosa de su marido que,  sabiendo que a él le complacía,  no cejaba en su empeño de alabarlo hasta la saciedad y le mantenía su ego encima de la capa de ozono, cuidándolo como al niño que no lograron engendrar.
Tenía muy buena opinión de sí mismo y las amigas de su mujer le dedicaban unas miradas que lo hacían sentirse orgulloso de sus propias ocurrencias: lo mismo contaba historias de futbolistas como de folclóricas,  pero siempre con esa chispa maliciosa que se acentuaba después de sus incontables copitas de aperitivo.
Su mujer era otra cosa -reflexionaba- la gente hablaba con ella por entretenerla,  porque estaba con él y querían quedar bien. Hablaba de cosas muy de mujeres y contaba que leía novelas y le gustaba la poesía.  Realmente era aburrida, pasaba sus horas libres en la casa escuchando canciones,  bueno,  canciones no, música que parecía extasiarla y cuando él llegaba la encontraba con los ojos cerrados.
Nada más verlo cambiaba totalmente y se adaptaba a sus bromas y a sus palmadas a lo “jaca ven paca” que a él le encantaban, pero sabía que no, que ella no lo seguía en su espíritu juvenil,  que se le hacía mayor para sus gustos y que no podía perderse las diversiones propias de su carácter y vitalidad. Aquél día,  después de tomar unas copas con los compañeros y de decirles “nenazas” varias veces por no acompañarlo,  se marchó a la discoteca.

La cincuentena no es mala edad para un hombre, aunque ya esté avanzada y las jóvenes se sienten atraídas por los hombres mayores,  reflexionaba para sus adentros-. Seguro que la gracia que tiene un hombre “de verdad” y mi figura, no la tienen muchos jóvenes, y si no, que se lo digan a mi mujer, que loca la tengo.
– Tú, el de la barra, sírvele un trago a semejante guapura que hace que salga el sol en esta cueva.
Pues no que se ha levantao y se ha ido….seguro que la estaba mirando el novio.
– Oye, guapa, tú y tu melena me volvéis loco y si no me aceptas un trago. …. Anda, otra que se va, pues no sé éstas a qué vienen.
– Mira esta perla que llega hasta aquí,  guapa!!! ¿te voy a invitar a…
– Un wisky, por favor, ¡camarero!
– Anda cómo sabe la niña lo que quiere, seguro que nos echamos unos bailes.
– Seguro.
– Y a ti, muñeca ¿Qué te gusta más bailar?
– Pues depende.
– ¿De qué depende, preciosa?
– Pues si bailamos de pié o en la cama.
– Anda, que yo no sabía que las chicas de ahora erais tan directas,  aunque yo no me asusto porque también soy joven y sé enamorar.
– Pues claro, chaval, no hay más que verte.
– Así me gustan las mujeres, que aprecien lo bueno.
– Y….por donde empezamos?
– Pues ahí te dejo elegir a tí, muñeco,  pero el pago va por adelantao.

Epílogo.
– Luisaaaaaa!!!!! Que me duelen los pies, que vengo cansao del trabajo,  que necesito que me cuides, por favor,  ven.
– Ya voy, rey mío ¿que le pasa a mi merenguito? . Ven aquí ,que tu Luisita te cuidará.
– ¿Con quién estás mejor que conmigo,  amorcito?
– Con nadie, Luisa, con nadie.

 

 

 

 

    1 Comentario

  1. Francamente genial. La vida misma en muchos casos.

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